No nos educan para Amar

La fusión con uno mismo y con todo lo que vive en el universo se consigue a través del descubrimiento de una energía amorosa y poderosa, tremendamente sutil, que siempre estuvo ahí, que nos impregna y sostiene del mismo modo que el océano contiene a los peces, pero que, por más evidente que sea, no nos resulta fácil de aprehender conscientemente. Todos sabemos que lo que más nos cuesta ver es lo evidente, lo que tenemos más cerca y delante mismo de los ojos.

¿Qué es la energía de amar? ¿cómo reconocerla? ¿cómo estar enchufados a esa vibración? ¿cómo materializar sus efectos conscientemente?

En apariencia parece cosa fácil porque mucho se ha hablado y escrito sobre esta energía, muchos antepasados dicen haber sido estandarte de ella, muchos dicen serlo en la actualidad, pero, en el fondo de nosotros mismos tenemos mucha dificultad para hablar del amor con propiedad, en esto somos todavía un poco como los peces, el pez es el menos indicado para hablar del agua.