El abrazo del Oso


Vanessa tuvo una experiencia ECM (Experiencia Cercana a la Muerte) en el año 1985, a la temprana edad de cinco años. Esta experiencia despertaría en ella una sensibilidad extra-sensorial, que se acrecentaría a partir del año 2006. En este año, y, con el apoyo incondicional de Joan, vivenció un doloroso y a la vez gratificante Despertar Espiritual (Emergencia Espiritual, en el caso de personas que arrastran traumas y conflictos de suma gravedad) acompañándose éste de la fase de duelo interno que comúnmente ha sido denominado como La Oscura Noche del Alma, y que ella misma describe en su recientemente finalizada obra literaria El Abrazo del Oso de la siguiente forma:

"La Oscura Noche del Alma es el proceso que transforma la personalidad que hemos adquirido -en función de cuáles hayan sido nuestras experiencias y creencias mundanas-, en otra de carácter real, espiritual, auténtica; basada en la Consciencia que deviene de Dios en el interior de nosotros mismos. No podemos experimentar el Amor o Dios de forma sana mientras nuestra alma esté sujeta a versiones contaminadas de nosotros mismos: el alma debe liberarse de las impurezas adquiridas durante su travesía humana, procedentes de experiencias dolorosas, dañinas y traumáticas. El Despertar Espiritual, me dio la oportunidad de transformar esa energía, pues sólo cuando el corazón se ha sanado, Dios puede ocupar un lugar en él".

Pese a su rechazo inicial -en gran medida suscitada por la incomprensión de una sociedad todavía reticente a la muerte y a la continuación de la Vida después de la Vida- Vanessa asistió a una conferencia sobre duelo en Valencia. A partir de este momento, y acongojada por el dolor que percibió en las personas allí presentes -personas que habían sufrido la pérdida de un ser querido- decidió escribir El Abrazo del Oso, narrando de forma sencilla una ínfima parte de sus experiencias con el mundo invisible.

Juan M. Galván se ha sentido atraído desde la niñez por las cuestiones que rodean al fenómeno de la muerte y de la vida después de la muerte.

"Supongo que es un hecho innato en mí la creencia de que no todo acaba con el fin de esta existencia que vivimos en este cuerpo. Innata no sólo la certeza de que nada termina, ni desaparece, ni se extingue, con el suceso inevitable e irreversible que llamamos "muerte", sino que, por el contrario, morir significa un verdadero comienzo: un amanecer a otra esfera de consciencia. Creo que, de alguna forma, siempre me he sentido llamado al Conocimiento de aquello que sucede en el instante en que debemos abandonar nuestro envoltorio físico, nuestro hogar temporal, nuestro templo terrestre, cuando llega el momento en que hemos de trasladarnos hacia otro lugar".

En un principio, su interés se encaminó sólo al conocimiento, al saber empírico, a la búsqueda de pruebas concluyentes que le condujeran por el camino correcto.
"Me documenté, me instruí, aprendí y obtuve el Conocimiento que me proporcionaron otros que ya lo poseían. Mi necesidad personal se vio satisfecha y mi visión de la vida cambió. Una vida cuya materialidad no alcanzaba a satisfacer mi mundo interior.

Yo había dado un gran paso en mi incesante búsqueda de respuestas a la experiencia de la muerte y al hecho de la supervivencia de la consciencia tras la muerte. Me encontré despierto, fortalecido, despojado de miedos y lleno de una vivificante esperanza. Pero, ¿y los demás? ¿Tenía que atesorar ese Conocimiento para mí sólo o debía expandirlo a otras personas? ¿Qué sentido tiene conocer la dirección en la que se encuentra el camino de la Verdad si no se la enseña a otros que necesitan encontrarla? ¿Qué sentido tiene conocer sin poner en práctica?"

"He comprendido que no de una manera ambiciosa debo quedarme en posesión de este Conocimiento, no con la intención de que me sirva a mí sólo, no egoístamente, sino que debo usarlo de un modo altruista. Tampoco debo limitarme a explicarlo de forma meramente didáctica, para que otros comprendan que la muerte no existe, sino exponerlo con un propósito de ayuda. De ayuda a personas que se encuentran en un trance de muerte y de ayuda a las familias de estos moribundos en tránsito hacia la otra Vida".

José Ignacio, Licenciado en CC. Económicas y Empresariales, trabajó en diferentes empresas, ocupando diferentes cargos financieros y de factoring. No obstante, tiempo después -interesado cada vez más en crecer y desarrollarse como persona-, decidió seguir el camino del corazón y ser un apoyo en la vida de todas aquellas personas que desearan mejorar su calidad de vida.

A partir de este momento, la formación y la experimentación se convirtieron en un pilar fundamental. Cursó EFT (Emotional Freedom Techniques, Técnicas de Liberación Emocional), Coaching Personal y Sistémico, Reiki, Técnica Metamórfica, PNL Transpersonal (Programación Neurolingüística), Eneagrama y Desarrollo Personal, entre otros.
Para José Ignacio, los seres humanos estamos en una época de transformación, de expansión de Conciencia, donde cualquier experiencia humana es una oportunidad para mirar hacia el alma y descubrir nuestra propia Luz:

"Los seres humanos estamos en una época de transformación, de expansión de conciencia, estamos mirando hacia adentro, hacia el ser esencial, alma, espíritu, cada uno es libre de llamarlo como quiera, lo importante es que estamos descubriendo nuestra propia luz aunque haya sombras. En la medida que nosotros seamos felices y nos amemos por el hecho de ser quien somos, lo vamos a proyectar a los demás y vamos a ver, a sentir y a escuchar una realidad diferente, un mundo distinto, puesto que cada uno creamos nuestra propia realidad según nuestro modelo mental...". José Ignacio Romá.

"Despertar y Emergencia Espiritual: el proceso evolutivo espiritual del ser humano"



El salto evolutivo del Despertar Espiritual: de animales instintivos a seres humanos intuitivos, espirituales y divinos.
Los seres humanos nacemos perteneciendo al reino animal. Científicamente, nos hemos definido como animales con inteligencia y razón. No obstante, existe una cualidad que nos distingue de éstos: la capacidad de elegir libremente. Así pues, la virtud divina y evolutiva que nos diferencia de nuestros hermanos, los animales, es la consciencia: el poder escoger conscientemente entre una intención de amor o de rechazo. Como poseedores de conciencia, el ser humano no sólo puede definirse como “animal racional”, sino también como ser sintiente, pensante, consciente o amante, capacitado para emplear su inteligencia para crear o destruir.

La naturaleza humana es animal, por lo que lo natural entodos nosotros está unido al instinto, a la pasión, al sexo. Y, como capacidades instintivas e inherentes en la naturaleza humana, jamás serán expresiones y experiencias buenas o malas. Solamente aquellas personas que prefieran la obediencia a la libertad considerarán estas cualidades como parte de una moral dañina y condenatoria.